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SEYCHELLES 2010 june


La verdad es que le tenía ganas. 

Era un destino casi obligado tras Maldivas (que resultó espectacular) y Polinesia Francesa (fantástico aunque quizás el más sobrevalorado como destino). La Guía Lonely Planet ha resultado de nuevo –más aún que en otros viajes- un absoluto acierto para un destino que ofrece buenas posibilidades, alternativas al lujo, y que permite a los que viajamos por libre sacar chispas a un remoto lugar a más de 8.500 Km., plagado de rincones idílicos de un extraordinario impacto visual y con opciones de aventura
Las playas, muchas prácticamente desiertas. Mola.

Las islas han resultado ser un “capricho de los dioses” y el viaje fascinante por los 4 costados, sin duda muy recomendable.

La temperatura del agua era de 25-27º y en el exterior de 24-30º, con un 80% de humedad. Aunque esta época era la “seca” (llovió casi todos los días: chaparrón de 2 min. y sol de nuevo, un clásico). Solo 2 horas de diferencia horaria. Se aceptaban euros y te devolvían bien euros bien rupias. Alquilé 2 coches habiéndome dejado el carnet en Bilbao. Poca cosa para comprar, nos hemos vuelto prácticamente de vacío. Los vuelos han ido perfectos y sin retrasos, incluso con el tiempo de conexión muy ajustado…

Aunque reservamos hace ya 5 meses con AirFrance, finalmente fue Air Seychelles quien operó el vuelo, con un discreto servicio a bordo para un Paris-Mahe de 9 horas, que hicimos durmiendo (con pastillazo), aterrizando a las 7am. 

Hay algunas cosas que te llaman la atención nada más aterrizar:
1) estás en África, definitivamente
2) hablan muy "raro" (su lengua es el “creole”, como si fuera una jerga del francés, pero también se defienden en inglés)
y 3) conducen por la izquierda (en 1903 se convirtieron en colonia inglesa tras ser arrebatado a Francia, hasta su independencia en 1976). 

Añadiría también que en general los precios de productos y servicios son obscenamente elevados (algo incomprensible salvo para los productos importados, como el alcohol, que tiene un impuesto del 40%). Es una sociedad no obstante bastante afrancesada, curioso, y algo “dormida” para los estándares europeos. Todos “de color”, por supuesto, menos los dueños de los negocios que, casualidad, resultaban ser casi todos blancos jaja.

Los 4 hoteles que reservamos directamente en las 3 islas visitadas fueron un acierto pleno, y como siempre, constatamos que una de las claves de un viaje de este tipo en parte se debe a la localización de los hoteles que pueden llegar a condicionarlo seriamente (por movilidad) o a facilitarlo tremendamente; en este sentido la web de Tripadvisor sigue siendo una referencia puntera complementaria a la guía Lonely Planet.

En Mahé, la isla más grande (hablamos de unos 27km de largo por 7 de ancho), estuvimos 5 noches, 3 en un hotel que solo tenía 4 duplex en la misma arena de una playa espectacular (http://www.clefdesiles.com/) y 2 en un resort de lujo (http://www.epheliaresort.com/) del que me ahorraré detalles (solo que tenía 150 hectáreas, 700 empleados y nuestra habitación –que nos hicieron un sorprendente “upgrade” gratuito - con 80 m2, un LCD de 47” y un sistema Apple TV con Adsl y pelis a la carta), un lujo osado que más calificaría de anécdota. 

Recorrimos toda la isla en un coche alquilado, muy malamente al principio y luego ya más tranquilo pero siempre con mucha atención para evitar un choque frontal. 

La capital Victoria tiene una réplica del Big-Ben en miniatura, muy divertida. La isla tiene paisajes de playa y selva de belleza inusual. Pero es la menos interesante...

Llegó un momento importante, que era ir 4 noches a Praslin, otra isla mucho más pequeña a unos 45 min. en un high-speed ferry, un lugar de ensueño, paradisíaco y donde ya pudimos comprobar mejor que en Mahé, las formaciones de rocas graníticas incursionando en un mar de 7 colores mezclándose con la arena blanca y las palmeras. 

El hotel, muy guay (http://www.leduc-seychelles.com/), con piscina. Por suerte todo bastante virgen siendo un espectáculo visual lo que pudimos comprobar alquilando otro coche para recorrer los sitios interesantes de la isla, parando aquí y allí, bañándonos en un sitio y en otro, y comiendo a deshoras. 

Tiene en el Valle de Mei uno de los bosques más famosos del mundo, Patrimonio de la Humanidad, con el arbol del “Coco de Mer”, una fruta que solo crece allí y que, alucina, es igual que una cadera frontal de mujer, incluso con pelo en el "asunto"... La comida nos pareció excelente en todos los sitios donde estuvimos, con pescados frescos a la parrilla y todo tipo de mariscos, siempre con arroz y ensalada. 

Una noche cenamos en el reputado Café Des Arts (restaurante que pertenecía a nuestro hotel) tras 2 noches previas yendo solo a beber “2 glasses of red wine”, de 6 eur c/u, en un ambiente de luces tenues con música chill-out, una gozada. Playas que nos quitaron el aliento como Anse Lazio, Anse Georgette o la de nuestro hotel Cote D’Or se han quedado grabadas en nuestro disco duro para siempre. Otro día alquilamos un barco full-day para ir a dos islas cercanas: Curiese, con una reserva de tortugas gigantes que viven hasta 150 años (una pasada, eran como animales prehistóricos, nos lo pasamos genial) y comimos en una playa bajo los árboles unos pescados a la parrilla que allí mismo nos prepararon, y St. Pierre para hacer snorkel. 

Por cierto que salvo en algún punto muy concretos del viaje donde el buceo fue de verdad extraordinario, diría que en general ha sido algo decepcionante y que las costas están arrasadas, con el coral blanco y roto (en 1998, año considerado el más cálido del siglo XX, mares y océanos registraron temperaturas más altas de lo normal, lo que dañó de un modo considerable los arrecifes que rodean a Seychelles, Isla Mauricio, Maldivas y Sri Lanka... 

El 90% de los corales de las Seychelles y de algunas islas de Indonesia están ya muertos), lo cual resta interés a quienes vayan solo en búsqueda de esta actividad. Este "pequeño detalle” se oculta en los catálogos de viajes. Nada que ver con el buceo con mantas (a las que dábamos comida a la boca) y tiburones que hicimos en Bora-Bora y Moorea, algo irrepetible.

Lo mejor del viaje aún estaba por llegar: 4 noches en La Digue, una isla más pequeña aún, sin coches (algún taxi), solo bicis y algunos carros de bueyes. Una gozada, de verdad.. El hotelito, de ensueño (http://www.hotelocean.info/index_angl.htm#). A 20 min. en barco desde La Digue, esta diminuta isla de Robinson Crusoe superó nuestras mejores expectativas, con caminos semi-asfaltados entre zonas de bosque y selva a escasos metros de la arena o el agua. Arañas gigantes aunque inofensivas en los árboles y murciélagos king-size al atardecer. 


Sin problemas de robos ni de seguridad, como en todo Seychelles, solo hacia falta acordarte de dónde habías dejado tu bici para no llevarte otra distinta. No veías ningún policía. En La Digue, la percepción era de paz y exclusividad en una isla a la que muchos iban solo a pasar el día y enseguida nos dimos cuenta de que fue un acierto programar 5 dias/4 noches. El Hotel, con solo 8 habitaciones, nos permitió reservar con antelación el balcón más alto y demandado, con unas vistas al Océano Índico e islas satélite de flipar (cayeron allí unos cuantos cubatas por las noches…). 

Hicimos en bici un montón de km (alquiler por 6 eur/dia) recorriendo la costa y el interior, y un dia alquilamos de nuevo otro barco full-day en el que fuimos a una isla privada (Gran Seour) y a otras dos (Felicité y Cocó) a hacer un snorkel de los buenos, con montones de peces bastante grandes incluso en arrecifes de poca profundidad, ví una manta-raya y una morena. Saqué muchas fotos y videos bajo el agua, aunque poco aprovechable. Grandioso. 

La playa de Anse Source D’Argent (playa de referencia en Seychelles, junto a otra reserva de tortugas gigantes con las que de nuevo alucinamos) compite por ser la más bonita del mundo, ranking que en fin, jamás he llegado a entender porque ni se sabe quién lo vota ni qué playas han visto los que votan…
Realmente se trata de una playa impactante que se divide en 4 o 5 calas y que, con marea baja, posibilita el poder ir de una a otra con el agua por los tobillos sorteando las rocas de granito en una sucesión increíble de postales. Personalmente me parece que el título sí puede ser merecedor si excluimos algunas de Fernando de Noronha en Brasil. Vimos el partido de España-Alemania rodeados de alemanes en una especie de bar-centro social bastante cutre con “sábana gigante” de pantalla,,,

La sensación, en general, ha sido de haber estado en sitios muy exclusivos aunque fácilmente accesibles, poco frecuentados por turistas y con cierto sabor de autenticidad; la gente en general era maja y acogedora, buen rollito y apenas vimos españoles, lo cual siempre agradecemos, no sé muy bien por qué. 

Parecía en todo momento que era temporada baja y el plan resulta válido tanto para parejas como para familias, aunque es bueno decir que había poco ambiente nocturno y que vimos mucha gente que se quedaba 1 semana en el mismo hotel, sin salir más que a los metros de playa que tenía frente a su hotel…algo respetable pero que nosotros no hemos sabido nunca hacer.

En suma, un viaje muy recomendable, aunque algo caro…

- hemos controlado bastante el gasto, lo cual ha sido algo sencillo y natural dado que íbamos solo con alojamiento y desayuno, y ya sabemos que en estos destinos se cena muy poco o nada, dados los desayunos "pantagruélicos" y las comidas/cenas tardías. Así que nada, han caído bastantes pizzas y sándwiches…jaja, que tampoco eran baratos.

- todos nuestros hoteles, salvo el resort de Mahé (un largo!), tenían precios muy por debajo del estándar de Seychelles.


… pero muy compensado por la experiencia de verte trasladado a escenarios remotos que solo has visto en fotos o en películas, con una sensación muy palpable de lejanía de la civilización, en los que además de sol y playa, tienes alternativas de ocio yendo por libre sin precisar de guías y con mucha seguridad. 


Creo que ha sido el viaje en el que posiblemente más he desconectado hasta ahora, lo cual era el objetivo.

























































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